El Buda y nuestros ancestros ​​espirituales nos invitan a comer con plena conciencia, tanto de los alimentos, como de la comunidad de práctica que nos acompaña. No nos dejemos llevar por pensamientos sobre el futuro o el pasado mientras comemos, y hagámoslo de tal modo que la alegría, la paz, y la libertad sean posibles durante la comida.

Esta comida, fruto de la tierra, del cielo, y de mucho arduo trabajo y amor de innumerables seres vivos, es un regalo del universo entero.

Comamos con plena conciencia y gratitud, de manera que seamos dignos de recibirla.

Que podamos reconocer y transformar nuestros estados mentales negativos, en especial la gula y la avaricia, y que aprendamos a comer con moderación.

Mantengamos viva nuestra compasión, comiendo de tal manera que reduzcamos el sufrimiento de los seres vivos, preservemos nuestro planeta, y revirtamos el proceso de calentamiento global.

Aceptemos esta comida con el fin de practicar y hacer realidad el camino de la comprensión y del amor, de cultivar nuestra hermandad, de fortalecer nuestra Sangha, y de nutrir nuestro ideal de servir a todos los seres.