vivir despiertos

9/4/16 por Hermana Sinh Nghiem

Que me llevó a hacerme monástica

En esta serie de tres artículos, que publicaremos mensualmente, la hermana Sinh Nghiem, monja residente en Plum Village, nos contará qué fue lo que la llevó a convertirse en monja budista, su inspiración cuando viajaba por Camboya antes de tornarse monástica y también compartirá con nosotros sobre romances y sobre el amor verdadero.

Antes de tornarme monástica, sentía que las formas convencionales de trabajar o vivir no llenaban mi vida. Sabía que había algo más y buscaba tener una manera de vivir diferente. Soy Licenciada en Psicología y trabajaba con gente con enfermedades mentales. El modelo del sistema médico en nuestra sociedad funciona hasta cierto punto, pero cuando quería ayudar a las personas a relacionarse con su sufrimiento de manera más profunda, sentía que todo aquello que había estudiado e inclusive aquello que había aprendido en mi trabajo era limitado, tanto para mí, como para mis pacientes y aquellos que trabajaban conmigo. A veces se me hacía difícil tener que confrontarme con los desafíos y el sufrimiento en mi propia vida, ni hablar de ayudar a otros con su sufrimiento y sus dificultades.

Profesionalmente, eso fue lo que me impulsó a buscar algo más. Estudié Psicología, pero me di cuenta que eso no me tocaba o no me transformaba verdaderamente. Si aquello no me tocaba o no me transformaba de manera significativa, como podría entonces usarlo yo para ayudar a otros a transformar sus sufrimientos más profundos? Me di cuenta que no era fácil aplicar aquellas maravillosas y bien presentadas teorías que aprendí en la Universidad, a las complejas y difíciles situaciones que presentaban mis pacientes. No sentía la confianza ni empatía necesarias para aplicar estos métodos a mi situación personal y, por lo tanto, tampoco sentía confianza para utilizarlos en mi profesión.

Cuando encontré el budismo y la práctica de la atención plena, me sentí motivada a aplicarlos sobre mis propias dificultades y esto tuvo un gran efecto sobre mí y sucedió de manera absolutamente natural. La primera vez que vine a Plum Village fue para el retiro de tres meses. Ya estaba decidida a dejar mi trabajo y quería hacer el retiro sencillamente para mí. Al estar practicando en comunidad, focalizando y utilizando las prácticas de la atención plena sobre mí misma para mi propia transformación, me daba cuenta que naturalmente surgía la posibilidad de ayudar a los otros. Esto se hizo evidente cuando hacíamos la práctica del compartir desde el corazón y de la escucha profunda y, al finalizar el retiro, por la energía de liviandad, alegría y paz que todos teníamos. Estoy segura que esto tiene mucho que ver con el hecho de vivir y practicar como una comunidad espiritual.

Esto es tan contrastante con mi trabajo profesional, en el que básicamente me encuentro a solas, cara a cara, con mis pacientes. Varias veces sentía mi auto-exigencia para ser esa profesional que todo lo sabe y cura todos los sufrimientos. La mayor parte de las veces me sentía tan incapaz al escuchar a esas personas contarme sobre el sufrimiento que han cargado durante años, con abusos de todo tipo, viendo inclusive los ciclos de abuso, violencia y sufrimiento que pasan de una generación a otra. Trabajar en un entorno así, sin una práctica espiritual propia, o sin el apoyo de una comunidad, es sumamente difícil, demasiado difícil en mi opinión, como para aventurarse a continuar en esa senda.

No es de sorprenderse que haya un alto índice de estrés e inclusive de suicidios entre los profesionales del área. Yo no tenía mucha confianza en los métodos que había estudiado. Ya las prácticas diarias de la plena consciencia me eran muy naturales y concretas y me ayudaron a comprenderme a mí misma y poder controlar las emociones y pensamientos que se desataban automáticamente en mí. Este fue un gran detonador para querer ordenarme, tanto para mi propia sanación, mi paz y alegría y, así, poder ayudar a otros a hacer lo mismo.

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