vivir despiertos

15/3/16 por Nhu-Mai Nguyen

Mi primer año en el monasterio Blue Cliff

Esta es una carta que envié a mis hermanas monásticas como parte de mi propio proceso de “Echar luz”, práctica que utilizamos para reflexionar sobre nuestras fortalezas y debilidades.

Martes 19 de enero de 2016

Querido Thay, queridas hermanas laicas, queridas hermanas monásticas:

Mientras escribo esta carta me doy cuenta que en pocos días estaré celebrando mi primer año en el monasterio Blue Cliff, donde estoy realizando mi internado del programa de residentes. Este año ha sido como un viaje muy nutritivo y repasando mi experiencia veo que he crecido mucho en mi capacidad de aceptación, aprendiendo a aceptarme a mi misma, aprendiendo a aceptar a los otros, aprendiendo a aceptar la presencia del sufrimiento en mi propia vida.

Cuando recién llegué tenía una imagen muy idealista de cómo debía ser un practicante de la plena consciencia; este debería caminar siempre de manera elegante, hablar pausadamente y llevar una sonrisa permanente en su rostro. Por supuesto, que esta imagen del practicante “perfecto” pronto se vino abajo pues, nosotros los seres humanos, tenemos un espectro de emociones sumamente amplio y somos el producto de una serie de hábitos de la consciencia colectiva. Mi incorrecta manera de pensar me llevaba siempre a juzgarme cada vez que no actuaba en concordancia con esa falsa imagen de como debiera ser un practicante exitoso.

“Porqué me siento deprimida aún? Que estoy haciendo mal? Porqué como para tapar mis vacíos emocionales, porqué sigo esperando aprobación de los demás y porqué aún digo cosas hirientes, producto de mi ira? Estoy practicando mal, es mi práctica insuficiente?” Este tipo de pensamientos me invadían llevándome a juzgarme tanto a mí como a los demás también. Pero luego, a medida que pasaba el tiempo en el monasterio, comencé a tener una perspectiva más amplia de lo que realmente significa la plena consciencia. Podía sentirme plenamente presente mientras, al mismo tiempo, me sentía enojada hacia otra persona. Podía sentirme plenamente presente mientras me veía sirviéndome un segundo plato lleno de comida, el cual no lo necesitaba pues ya estaba satisfecha. Podía sentirme plenamente presente mientras corría de una actividad a la otra, ansiosa por llegar a tiempo. Esta nueva perspectiva de la plena consciencia, de no verme atada a una imagen prefabricada del practicante ideal, me ayudó a soltar mis propias expectativas sobre mí misma. “Voy bien. De hecho, voy más que bien, voy espectacularmente bien! Moviéndome en la vida como una bailarina, con extraordinaria gracia.” Esta actitud me ayudó a suavizar también mis expectativas sobre los demás y aceptarlos más fácilmente.

He aprendido a sentirme bien aún cuando tengo conflictos con alguien. Antes, al estar en conflicto con otra persona, instantáneamente sentía que se avenía un final apocalíptico para el mundo y quería arreglar la situación de manera inmediata. Pero al actuar apresuradamente, sin calmarme antes, empeoraba la situación. Aprendí a convivir con el conflicto utilizando mi respiración para abrazar esa incómoda sensación en mi cuerpo y comprender que un conflicto no necesariamente implica que haya algo inherentemente equivocado en la situación. Apenas quiere decir que hay dos personas con necesidades diferentes. También he aprendido que podemos cultivar el amor y la comprensión por el otro, aún en medio del conflicto. Un conflicto, cuando visto y manejado de manera sana, puede traernos más confianza, más comprensión y unión en una relación. Quiere decir que estamos siendo más honestos y permitiéndonos ser más vulnerables el uno para el otro.

Finalmente, también aprendí a aceptar mejor el rol que el sufrimiento tiene en mi vida y, de esta manera, llegar a una comprensión más profunda del significado de la felicidad; la felicidad no es necesariamente la ausencia de sufrimiento, sino que, para que la felicidad esté presente, el sufrimiento también debe estar presente. Si la vida fuese una pintura y la felicidad fuese el color blanco y el sufrimiento el negro, precisaría de ambos, la luz y las sombras, para hacer mi pintura. Y porqué quedarnos con un cuadro apenas en blanco y negro? Si yo fuera un artista habilidoso, me permitiría muchas tonalidades e intensidades de colores, de rojos, verdes y azules entrando en mi vida para crear así una bella y rica paleta. Necesito de las sombras para entender la luz. Y necesito muchos colores y experiencias para crear un bello retrato de mi vida.

Un estímulo que me ofrecería a mí misma es el ser más amable y generosa conmigo misma. De entre todas las personas con quienes me gustaría ser amable en este mundo, debiera comenzar conmigo misma. Quisiera ofrecerme más descanso, más creatividad y aventuras y más pensamientos positivos. Otro incentivo sería el de no compararme con otros, ya sea que se trate de mi práctica, mi apariencia exterior, mi carrera o inclusive de cuanta comida me sirvo en mi plato. Cuando soy capaz de sencillamente focalizarme en mí misma, honrando mis propias necesidades y reconociendo que las necesidades de los demás pueden ser otras, entonces puedo relajarme y vivir de manera más armoniosa; sintiendo que estoy en el camino correcto y que tú también estás en el camino correcto. A pesar que nuestro viaje sea diferente, vamos en la misma dirección.

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