vivir despiertos

11/3/16 por Phil Bluckert

La plena consciencia acompañando a un familiar moribundo

Mi padre fue diagnosticado con cáncer de páncreas el día 19 de noviembre de 2015. A partir de ese momento su deterioro físico fue muy rápido y falleció el 08 de diciembre. Ese fue un período de grandes desafíos para nuestra familia y aquellos amigos más allegados. La rapidez de su deterioro fue lo más difícil para nosotros. Fue una serie de golpes duros, de shocks, día tras día, uno atrás de otro. Recibir un diagnóstico terminal ya es un terrible shock, pero al principio creíamos que mi padre tendría unos seis meses más de vida. Pero fueron apenas tres semanas. Como todo fue tan veloz, fue muy difícil aceptar la situación. La aceptación nos puede ayudar mucho para lidiar con un evento traumático. Pude ver como esa aceptación le ayudó a mi padre cuando recibió el diagnóstico. El nos lo presentó de una manera muy pragmática, lleno de aceptación; nos dijo: “Pues bien, tengo ahora este tiempo para hacer ciertas cosas”, dijo eso en vez de decir: “Cielos, mi tiempo se acabó!” Mi padre estaba valorizando estar vivo. También comprendió que, en algún momento, todos debemos partir.

Lo que me doy cuenta es que la aceptación es necesaria de manera regular y no apenas en un evento excepcional, como la respuesta inicial de mi padre al recibir el diagnóstico. La aceptación es necesaria en nuestras vidas momento a momento. Aquí es donde la práctica de la plena consciencia es de gran ayuda, pues nos ayuda a enraizarnos en el momento presente. Hay un repentino shock y podemos hacer una pausa mientras estamos en ese estado de shock. Podemos explorar nuestro cuerpo y sentir donde es que hay tensión. Llevamos toda nuestra atención a esa tensión y esto nos ayuda a soltarla. Esto me ayudó en términos de aceptación de mi día a día. Esto me permitía sentir una pequeña recuperación de mi estado de shock, dando lugar a que surja mayor aceptación. El miedo y la desesperación bloquean la aceptación; por eso la práctica de traer la atención al cuerpo me ayudó para trascender el miedo y la desesperanza.

Liberarme de las tensiones en mi cuerpo se traducía luego en libertad de las tensiones en mi mente. Tenía mayor claridad sobre las consecuencias que esta situación traía sobre mi familia. Particularmente, sentía una cierta claridad mental que me permitía darme cuenta de lo precioso que eran esos momentos que todavía podía tener con mi padre. Recuerdo decirle a mi familia más de una vez: “Estamos todos juntos en este momento. Este es un momento maravilloso.”

Así fue que, con este sentimiento presente, tuve muy especiales momentos con mi madre, mi padre y mi hermana estando todos juntos. Tuve algunos momentos que nunca imaginé iría a tener con mi padre. Atesoro esas vivencias. Recuerdo estar sentado al lado de mi papá leyéndole historias por seis noches seguidas y preparándole comidas licuadas especialmente para él. Recuerdo también que nos sostuvimos las manos; le dije que lo quería mucho y entonces papá me apretó fuertemente la mano, ambos sabiendo que este tipo de conexión emocional no era habitual en nosotros.

En cierto sentido, esta práctica de soltar las tensiones de mi cuerpo, encontrando claridad y aceptación, me permitió darme cuenta lo que era realmente importante y, no solo eso, sino que también me mostró como actuar en consecuencia. Miro hacia atrás, hacia esas tres semanas en que mi padre se iba deteriorando tan rápidamente y me doy cuenta que hubo muchos preciosos momentos y me siento verdaderamente agradecido por ello.

No es habitual sentirse agradecido en circunstancias tan difíciles, pero sí lo es para mí. Y lo que más quisiera es que otras personas que pasen por una situación así puedan descubrirlo ellos también. La práctica de la plena consciencia es la llave. Es posible vivir estos momentos con un moribundo desde la atención plena, establecer una profunda conexión y si hay algo que decir, encontraremos la manera correcta de hacerlo. Si hay algo que compartir, encontraremos la manera de hacerlo.

Desde el fallecimiento de mi papá, nutrir ese sentimiento de gratitud me ha ayudado a sobrellevar la pérdida. El solo hecho de recordar cosas por las que siento gratitud, especialmente cosas que hicimos juntos. Cuando la mente está impregnada de gratitud, el desasosiego no se manifiesta. Aunque también es esperable que muchas emociones surgirán y también pasarán. Eso es absolutamente normal.

Podemos ver la naturaleza impermanente de estas emociones, así como también practicar el “arte de sufrir” como se enseña en la tradición de Plum Village. Encontrar maneras de estar en contacto con nuestro sufrimiento, reconocerlo claramente cuando surge, abrazarlo y luego sentir la transformación. En momentos tan difíciles, es de suma importancia tener buenos amigos espirituales y estar en contacto con nuestra Sangha. Si no quieres tener contacto con la gente y prefieres estar solo, eso está bien también en tanto y en cuanto no seas abrumado por tu sufrimiento. Todos eventualmente necesitamos apoyo. Creo que es de mucha ayuda contar con amigos y sentir que nuestra comunidad está disponible para nosotros cuando transitamos esos tiempos difíciles. Tener una comunidad que nos diera su apoyo fue algo de mucho sostén para nuestra familia.

Mi padre era miembro de la Iglesia Unitaria. El apoyo que recibimos de los miembros de la congregación fue admirable. Las personas nos llevaban o traían, nos traían comidas, inclusive nos ofrecieron colaboraciones en dinero. Todo esto hacía más llevadera nuestra situación. Ciertamente es muy recomendable construir vínculos con una comunidad pues así se establece ese apoyo mutuo.

Finalmente, quiero expresar mi agradecimiento a las enseñanzas y prácticas de Plum Village por toda y cualquier comprensión que fue de ayuda para nuestra familia durante este difícil período. Si te encuentras en circunstancias de vida similares, deseo que encuentres el apoyo que tú y tu familia necesiten.

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