vivir despiertos

27/1/16 por Hermana Co Tu Nguyet

Diario de una hermana monástica

Salón de Meditación de la Inspiración

12 de septiembre de 2015

Querido Thay,

Todavía está oscuro afuera, recién terminamos la meditación. Aquí en el monasterio hemos comenzado el retiro de otoño, después de “dos semanas de tiempo libre.” Temprano en la mañana la niebla aún empaña la puerta de vidrio. En el otoño es generalmente cuando Thay, junto a los hermanos y hermanas, viaja a América. Los discípulos más jóvenes en Plum Village juntarán manzanas, recogerán castañas, encenderán el fuego para hornear patatas, andarán por las colinas, recogerán ciruelas y cocinarán dulces, esperando el retorno de Thay para el retiro de invierno. Ahora yo estoy sentada aquí, escribiendo a Thay, permitiéndome extrañarlo un poco aquí en nuestro monasterio.

Sabes querido Thay, una niña me preguntó: “Hermana, que significa ‘pereza’? Como ser perezosa?” Ella sentía curiosidad por saber que hacía yo durante nuestras dos semanas de tiempo libre y porque le llamamos de “pereza.” Quiero contarte como fueron mis dos semanas de tiempo libre así como decirle a ella como es el tiempo libre de los monásticos. A pesar de ese tiempo libre, esta pequeña casa de ejercicios espirituales continúa extendiendo sus brazos para dar la bienvenida a Hermanas y Hermanos provenientes de otros centros de práctica y consiguiendo autorizaciones y visas para que puedan participar de los retiros. En la casa vivimos siete Hermanas y ahora albergamos cinco más de otros centros de práctica. Es un poco más apretado pero nos llena de alegría y del calor de la hermandad.

A pesar de estos días de “pereza”, mantuve mis horarios de práctica y atendí las charlas del Dharma cada uno de los días. Este año tuve la suerte de poder escuchar las 13 charlas que ofreció el Hno. Phap Kham sobre el camino del Budismo Aplicado y los Catorce Entrenamientos de la Orden del Interser. También asistí a todas las charlas del Dharma que dieron los Hermanos durante el retiro en el monasterio de Blue Cliff en los Estados Unidos. Voy con el fluir de la Sangha, aprendiendo y recibiendo tu creciente transmisión de cada una de las enseñanzas. Que alegría y que riqueza la de tener tantos hermanos monásticos con una práctica tan sólida! La llama que has transmitido, la recibimos con plenitud y potencia por parte de los Hermanos y Hermanas. No siento carencia, pérdida o desventaja alguna, a pesar de haberme ordenado como monástica una vez que tú, querido Thay, ya estabas bien mayor.

La Sangha se mueve como las abejas, diligentemente practica, aprende, juega y trabaja en un mismo ritmo, moviéndose hacia delante. Estamos codo a codo haciendo, construyendo nuestra Sangha con todos los talentos y fuerza de los que disponemos. Uno barre, otro nos ofrece el Dharma, el hermano mayor cocina y los más jóvenes tienden la mesa; la hermana mayor compra las hortalizas y vegetales, la menor los limpia. Compartimos acogedores y alegres momentos unos con otros.

La Abadesa de la Sala de Meditación de la Inspiración dedicó muchas horas a construir una muralla de piedras durante estos días de pereza, ayudando así a evitar que el agua de lluvia erosionara nuestra costa. La hizo totalmente a mano. Fue recogiendo todo tipo de piedras que se escondían bajo el pasto del jardín. Con una mano sujetaba la azada, con la otra sujetaba la hierba y, al mismo tiempo, combinaba las piedras de manera armónica, acomodando florecillas silvestres en las esquinas donde dos piedras se juntaban. La abadesa es Francesa y ya de avanzada edad, pero su espíritu es muy joven. Trabaja como si estuviera jugando – trabaja como si no trabajase. El logro de esa “pereza” es una muralla verdaderamente poética.

Durante los días de pereza, tuve tiempo de sentarme y escuchar a las Hermanas contando historias de cómo se tornaron monjas, como te conocieron a ti Thay y a la Sangha, de saber del sufrimiento y la felicidad que han experimentado. A veces las historias, sin querer, tocaban zonas de dolor que aún no estaban completamente transformadas en alguna de nosotras y lágrimas rodaban por las mejillas. Yo volvía a mi respiración, respirando al ritmo de las Hermanas. Al mismo tiempo transformábamos nuestro sufrimiento entre todas. En nuestra ocupada vida cotidiana, como podríamos sentarnos con otros si no tuviéramos días de pereza? También, durante ese lapso de días libres, tuve tiempo de pasar un par de días en el pueblo y extender mi visado para pasar el Año Nuevo en el monasterio. Tan pronto volví y transpuse la puerta, ya disfrutaba de la fragancia del dulce de ciruelas. Este año las Hermanas prepararon el dulce tan bien! Colocaron más cáscaras de naranjas, canela y jengibre en los frascos, consiguiendo que el sabor sea verdaderamente delicioso. Luego les ayudé a las hermanas a lavar los frascos y limpiar todo. El dulce de ciruelas este año es verdaderamente delicioso y hay en cantidad, como para que los facilitadores de las reuniones de meditación del año entrante puedan disfrutarlo al desayuno o cuando lo deseen. Les aseguro que es delicioso, hasta la última gota!

La huerta de vegetales está siempre tan verde en el verano, los zapallos y los pepinos colgando despreocupadamente, tan lindo de verlos. Las perillas están a la altura de mis hombros, sus hojas y sus ramas todas de color púrpura. También tenemos espinacas, aparecen brotes de batatas, belladona, canela y la persicaria apretándose a los lados del camino. Tengo dos valijas, bien pesadas, llenas de vegetales para llevar a la ciudad. Cuando cargué las valijas, no sentía que estuvieran llenas de vegetales sino que sentía que estaba llevando el amor de nuestro monasterio puertas afuera. Como podrías llevarlas sin amor! Las Hermanas se reían de verme respirar cansinamente en la parada del autobús con aquellas dos maletas llenas de vegetales. Durante los días de pereza también aproveché para escribir a mi familia de sangre. El dolor de mi mamá aún no ha sido sanado; preocupaciones de mi padre tampoco han sido totalmente superadas; mi hermano aún precisa de apoyo; mis sobrinos precisan consuelo y contención. Tuve mucho tiempo para mirar en profundidad, escribir cartas, mostrar mi gratitud a mis padres, desde la manera de monja, ofrecer apoyo a mis seres queridos dándoles fuerza y coraje para enfrentar los desafíos que la vida nos presenta. En cada carta, sé que soy una continuación tuya Thay en la manera en que aspiro a la magia del momento presente y el respeto a la presencia de cada uno. Hay tantas historias más para contar pero está lloviendo afuera. Puedo ir a mirar la lluvia un rato?

Con amor y respeto Muchas gracias

Tu discípula Co Tu Nguyet

Este artículo fue originalmente publicado en langmai.org

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