vivir despiertos

14/2/15 por Hong

Como la Plena Consciencia Me Ayudó a Recuperarme de un Accidente Automovilístico

Un día del verano Irlandés, íbamos con una amiga en su auto a nuestra reunión de la Sangha. Conversábamos distendidamente sobre asuntos de nuestra Sangha y otras cosas también. De repente, un auto entró delante nuestro desde una calle lateral, seguimos avanzando ya que ese auto parecía detenerse, pero arrancó nuevamente, bien lentamente y, en vez de girar hacia la izquierda, se quedó parado en el medio de la calle.

Mi amiga pisó los frenos tratando de detener el auto, pero ya era demasiado tarde. Dí un grito al ser sacudida en mi asiento en el momento de chocar contra el otro auto. Sentí un fuerte golpe en el pecho. No podía respirar. Las palabras de Thây (Thich Nhat Hanh) vinieron inmediatamente a mi mente: “Inhalo, exhalo. Una persona que ha muerto no puede respirar. Ya que estamos vivos, disfrutemos de nuestra respiración.”

Era todo lo que podía hacer: respirar; sabía que aún estaba viva. Oía a mi amiga llamar la ambulancia llorando. Permanecí en silencio. Mantuve mi atención sobre mi respiración. De repente me di cuenta que estaba abrazando mi dolorido pecho. No sabía si me había roto algún hueso o que heridas podía tener mi cuerpo.

Después de un tiempo, que para mí fue una eternidad, un enfermero de la ambulancia golpeó en la puerta del auto y me ayudó a salir. Yo agarraba mi pecho como si fuera a un bebé. Cuando entré en la ambulancia una de las primeras cosas que el paramédico me preguntó fue: “Puedes respirar? Inhala profundamente, por favor.” Pues bien, mi querido amigo, la respiración!

Seguí sus instrucciones, respiré profundamente una o dos veces, a pesar del dolor. Después de revisarme, el enfermero me dijo que lo que tenía era una lesión por el cinturón de seguridad y que, afortunadamente, no había signos de huesos rotos. Suspiré y sentí un gran alivio al saber que mi amiga tampoco tenía heridas graves ni huesos rotos.

El paramédico nos indicó que fuésemos luego a un doctor para tratar nuestras heridas. Salimos de la ambulancia e inmediatamente noté el sol y el cielo azul. No sé si el clima estaba así antes del accidente, lo que les puedo decir es que ese tipo de clima es raro en Irlanda. Yo estaba agradecida que fuese un día soleado y cálido y no que éste accidente fuera bajo la fría lluvia de un día gris.

Mi amiga aún estaba con lágrimas en los ojos, por lo que le sugerí que disfrutásemos de caminar meditando, disfrutando también del cielo azul y de los frondosos y verdes árboles a nuestro alrededor.

A pesar de haber tenido que sobrellevar ese dolor en mi tórax por más de un mes, me sentía feliz de no tener ningún trauma psicológico post-accidente y esto gracias a los meses de práctica en Plum Village sobre la plena atención. Esta práctica me ayudó enormemente a aliviar mi sufrimiento y poder estar lo más feliz posible.

Escuchando las charlas del Dharma de Thây dos veces a la semana, y meditando diariamente con los monjes y amigos laicos fui, subconscientemente, desarrollando la habilidad de respirar conscientemente y una atención que permite disfrutar de las maravillas a nuestro alrededor. Ahora que ya estoy totalmente recuperada me siento mas agradecida aún con mi respiración, de poder disfrutar de un cuerpo sin dolores y, por sobre todo, que estoy viva.

Trato, tanto cuanto puedo, de estar consciente de mi respiración en cada momento y de agradecerle a Thây por esta maravillosa práctica.

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