vivir despiertos

12/11/14 por Logan Mitchell

Danza con los Monjes

Recientemente pasé un retiro de cuatro días en el Monasterio Blue Cliff en Pine Bush, Nueva York. He practicado la tradición del budismo de Plum Village desde hace dos años, y sentí un profundo deseo de volver a un monasterio antes de empezar a trabajar para una línea de cruceros en agosto. Permítame darle algunos antecedentes de los que provienen mis motivaciones. El verano pasado vi a mi práctica de meditación diaria resbalar de mis manos y descender por el desagüe de la ignorancia, la pereza y la codicia humanas.

Nunca perdí completamente el contacto con mi práctica de la atención plena, y sin ella seguramente habría sido mucho menos feliz todavía. Estos meses sin una práctica formal, no estuvieron completamente llenos de sufrimiento pero se llenaron de confusión, deseos, y básicamente demasiado Netflix. El sufrimiento que sentía llegaba a menudo inesperadamente, lanzándome fuera de órbita y en una cadena de actitudes defensivas, criticismo y, en última instancia, llevándome a huir de mi sufrimiento haciendo cosas como sumergirme en Grindr y Candy Crush. Reavivé mi práctica diaria en el inicio del nuevo año, unos seis meses después de que la había perdido. De esta manera, comencé una vez más a sembrar las semillas de la comprensión y de la atención plena en mí mismo, y sentí que mi práctica estaba viva y creciendo de nuevo.

Con mi práctica de meditación a cuestas, seguí actuando bajo la energía de los hábitos y comportamientos de los últimos seis meses. Observé sin juzgar los patrones de comportamiento que había desarrollado, los deseos que sentía y por lo general concretaba, y los muchos momentos de olvido a lo largo de mi día. Esto continuó por un tiempo, hasta que experimenté una suerte de "iluminación" mientras estaba en mi banco de meditación en Ivoryton, Connecticut. ¡Los frutos de mi práctica de meditación de pronto florecieron como un loto que brota de un estanque enlodado! Desperté a la naturaleza impermanente e interdependiente de mi vida, y empecé a recordar mis verdaderas aspiraciones.

Me sentí renovado, lleno de la energía de la atención plena. Era casi como si hubiera despertado de una larga siesta que había sido provocada por la poderosa quietud de la complacencia. Mi atención plena surgió como Mary Poppins, severa aunque gentil, cantando canciones de Disney, proporcionando al mismo tiempo la fuerte medicina de una profunda auto reflexión. Observé que mi práctica de meditación no era simplemente algo para hacer dos veces al día, sino que quería llevar la atención plena a mi vida. Como Thay (palabra vietnamita para querido maestro, el nombre que se usa en el monasterio para referirse cariñosamente a nuestro maestro, Thich Nhat Hanh) había dicho en un video de una charla sobre el Dharma que disfruté en el monasterio: “La atención plena no es una herramienta para llevar una vida más feliz. La atención plena es el camino. La felicidad es el camino. No hay un camino hacia el Nirvana. Nirvana es el camino.

Comencé a meditar más a menudo. No porque tuviera que hacerlo, sino porque empecé a reconocer que me sentía mucho mejor después de meditar que después de ver cinco horas de Netflix o jugar Tetris cinco veces seguidas. Mi cuota "meditar dos veces al día, una vez por treinta minutos y una vez durante diez minutos" desapareció cuando comencé a practicar la meditación con frecuencia. Disfruté meditando sentado en mi camerino antes de actuar en All Shook Up en el Playhouse Ivoryton. Disfruté meditando sentado en la playa con mis amigos.

¡Empecé a sentir el efecto de bola de nieve que tienen la meditación y la atención plena! Cuanto más practicaba, más disfrutaba cada momento y quería seguir viviendo profundamente en el momento presente. ¡No necesitaba aliento, porque la felicidad y la alegría que sentía era más que suficiente para alimentar mi práctica! Observé a mis acciones volverse más suaves, mis palabras más amables y mis pasos más lentos. Me di cuenta de que gran parte del sufrimiento que me había causado a mí mismo y a otros había sido por moverme demasiado rápido, escupiendo las palabras sin cuidado y haciendo suposiciones sobre la gente. Lo que necesitaba era reducir la velocidad. Mi nuevo mantra es: Lento, Silencioso, Calmo. Así que, naturalmente terminé en un monasterio budista.

La comprensión que había comenzado a captar en mis meditaciones en Connecticut se profundizó y fortaleció por la maravillosa Sangha (comunidad espiritual) de Blue Cliff. Mi tiempo allí nutrió mi práctica muy profundamente, inspirándome cada día más y más. Sentí el karma del Siempre Distraído y Alborotado Logan comenzar a transformarse y sanarse con la atención plena que el Alegre y Conciente Logi el Yogi comenzó a traer a la realidad de mi vida. Esto a su vez asegura que en agosto, el Bailarín del Crucero Logan será capaz de recibir los maravillosos frutos de una profunda meditación y la práctica de la atención plena, una mente compasiva y abierta, y un corazón cálido y suave. Todos, los tres de nosotros, somos muy felices juntos.

Mientras disfrutaba de una charla con la Hermana Tranquilidad, una pequeña monja con una enorme sonrisa (es la monja a la izquierda de la foto publicada), ella me invitó a ir al retiro para los jóvenes que se estaría realizando más adelante en el otoño. Le conté que me iría pronto, y que estaría trabajando como bailarín en un crucero de lujo yendo a lugares muy elegantes. Los monjes en esta tradición del budismo no se dedican mucho a entretenimientos, por lo que todo esto sonaba muy emocionante para ellos. La Hermana Tranquilidad pidió verme bailar, y yo me reí y le dije que lo haría antes de irme.

Mi último día de retiro llegó, y me encontré con la hermana Tranquilidad para decirle que me gustaría bailar para ella como me había pedido. No tenía ni idea de lo que iba a hacer, pero pensé que sólo le iba a mostrar un par de pasos y tal vez un doble recorrido en el césped. A las monjas no se les permite pasar tiempo a solas con un hombre, por lo cual invité a otra monja que había llegado a conocer, la hermana Entrenamientos de la Plena Consciencia.

Sentado con ella a la mesa estaba una hermosa Aspirante (futura monja) llamada Kara, que tenía un primo que había bailado en un crucero. La Hermana Tranquilidad me dijo que deberíamos ir a la Gran Sala de Meditación, que tenía un montón de espacio y un bonito piso de madera. De repente me di cuenta de que esto no sería una demostración técnica fortuita sino que sería un espectáculo de ballet completo, vestido con mi camiseta y mis pantalones holgados.

Volví a mi dormitorio a pensar en cosas que hacer, se me ocurrió una serie de ocho movimientos que pensé que sería, al menos, una buena manera de comenzar. Me imaginé un par de cosas más que podría hacer, todo dependiendo de si el suelo estaba resbaladizo o no. Me dirigí a la sala de meditación. Yo no sabía que Kara, la Aspirante, había procedido a invitar a todos en el comedor para verme bailar. Empecé a ver laicos y monásticos por igual que llenaban la sala de meditación. Tal vez era una veintena de personas, que eran básicamente diecisiete más que lo esperado. ¡Comencé a pensar acerca de la música!

Yo no podía bailar sin música. Mi teléfono estaba apagado y lejano, pero alguien tenía YouTube en su teléfono y yo me puse a pensar: música de ballet .... música de ballet ... ¡Don Quijote! Yo sé eso. Así que busqué un poco de música de Don Q, suponiendo que iba a encontrar una variación grande en la que podría improvisar. Un monje sugirió que usara el ordenador conectado al sistema de sonido, y por lo que se detuvo el video y se encontró una variación. Dejé la música en pausa y volví a la sala. Todos estaban ordenados en filas, esperando que yo empezara. Me presenté y saludé. Un monje puso play y me puse a improvisar un ballet para un grupo de personas que apenas conocía. La canción que tocó dio la casualidad de ser la canción más delicada y más tranquila de todo el ballet, por lo que mis esfuerzos por ser un bailarín de ballet masculino fueron completamente inútiles Pero yo bailé, y nunca había sido tan consciente mientras bailaba!

Yo estaba libre de preocupaciones, sólo pensando en estirar mis piernas, ponerme en puntas de pie y sonreír. Hice diversas figuras y piruetas hasta que la canción terminó, y yo también ¡Todo el mundo aplaudió, cosa inusual en un monasterio! Ellos querían que yo bailara un poco más, pero mi cuerpo estaba exhausto después de hacer una improvisación para una música que nunca había escuchado, sin calentamiento, y sin haber tomado una clase de ballet en dos meses. Sin embargo yo estaba muy feliz. Todos cantamos una canción del Dharma juntos, y yo les dije que como estaba demasiado cansado para bailar otra vez, podría cantar una canción.

Elegí cantar la canción "Los días felices están aquí otra vez", una canción popularizada por Barbara Streisand. La letra es hermosa y creo que transmite un mensaje que Thay nos transmite una y otra vez: la felicidad está aquí y ahora. Allí, de pie, delante de veinte de las personas más hermosas que he visto en mi vida, y cantando a todo pulmón una balada de Barbara Streisand en una sala de meditación muy resonante, me sentí realmente feliz. Posteriormente la hermana Entrenamientos de la Plena Consciencia (en la foto a la derecha de la imagen) se me acercó y me expresó cuán consciente y hermoso era lo que yo hacía. Eso la hizo muy feliz.

Fue en ese momento que sentí una síntesis completa de los entornos más importantes para mí. En el pasado yo había llevado la atención plena y la meditación al teatro y al estudio de ballet, pero esta vez yo había traído al ballet y a Barbara Streisand al monasterio. Esto me recordó mi profunda aspiración a brindar felicidad a las personas a través de las artes, y me inspiró a continuar en este camino con belleza, atención plena, y un par de pasos de danza. Mi práctica y mi carrera se nutren entre sí, y han comenzado a integrarse. No puedo separar al bailarín del meditador, no puedo separar la atención plena del bailarín, etc. Somos uno, sentados silenciosamente y desplazándonos de forma simultánea en una cacofonía de noble silencio y el fuerte y brillante sonido de cantar a pulmón en Si sostenido. No podría ser más feliz de lo que soy.

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