vivir despiertos

25/5/16 por Hermana Sinh Nghiem

Inspiración durante mi viaje en Camboya

Antes de ordenarme, me encantaba viajar, así como a tantos jóvenes les gusta hacer hoy día después de graduarse de la secundaria o de la universidad. Viajé por nueve meses con un programa llamado Acción para la vida. El programa era parte de una red ecuménica llamada Iniciativas de cambio. Conocí mucha gente maravillosa e inspiradora de todo el mundo. Como parte de este programa de Acción para la vida, viajamos en India durante los primeros tres meses, luego, con el componente de servicio, nos separamos en dos grupos y viajamos por varios países de Asia y el sureste asiático.

Viajamos y vivimos en comunidad con gente de diferentes edades, experiencias y creencias religiosas. Conocimos muchas personas que habían sido fascinantes agentes de cambio y que habían sufrido mucho habiendo sido capaces de transformar su sufrimiento para, a su vez, ayudar a otros que habían sufrido de manera similar. Conocimos y compartimos con muchos jóvenes y niños para motivarlos a cuestionar y descubrir el significado de sus vidas. Fue una gran experiencia que me abrió los horizontes, tanto dentro, espiritualmente, como, literalmente, aprendiendo a apreciar diferentes culturas y tradiciones.

En este viaje, nuestro grupo visitó Camboya y viajamos en bus a pueblos remotos. Mirando por la ventana, vi a un niño desnudo corriendo por la aldea. Esto es algo simple y común que se ve como parte de la vida de una aldea, nada especial. Sin embargo, la escena me conmovió profundamente. Me di cuenta lo extraordinariamente poderosa y afortunada que era de ver a este niño en su pueblo desde el bus. Tal vez él nunca, en toda su vida, tenga la oportunidad o los medios de viajar fuera de su aldea, más allá de la capital de su país o inclusive fuera de su país. ¡Y para la mayoría de la población del mundo es así! Por consiguiente, surgió en mí la pregunta “¿Qué voy a hacer con los poderes que me han sido dados?”

Fue una visión que surgió de esa experiencia y que determinó el rumbo de mi vida. El poder que sentí fue el de contar con todas las condiciones favorables en la vida –mis padres arriesgaron su vida como refugiados en un bote para que yo tuviera un futuro brillante. Crecí en un país estable como lo es Australia con abundantes oportunidades de educación, para trabajar en una sociedad segura, para conocer gente interesante e inspiradora quienes alimentan mi crecimiento espiritual.

Yo sentí que no podía vivir sólo para mí y mi pequeña familia nuclear – con casa en los suburbios con dos hijos, esposo y dos coches, un trabajo agradable y fácil y viajes de fin de semana con el perro. Ese tipo de vida perdió su atractivo resplandeciente y no se ajustaba a la nueva dirección de mi vida. Pienso que fue cuando vi el fuego interno; lo llamamos bodhicitta o energía de amor. Es lo que me hace querer compartir con mucha gente las condiciones afortunadas con las que he contado; emprendí una búsqueda de la manera de hacerlo que sintiera natural y efectiva. Intenté con una carrera en sicología y terapia, pero me sentí limitada. Entonces decidí probar una vida monástica de servicio. Ahora que ya he vivido en un monasterio por varios años, encuentro este estilo de vida mucho más natural, apropiado y receptivo a las necesidades sociales de nuestro tiempo y a los clamores de nuestra Madre Tierra en términos de cambio climático. Yo me entiendo a sí misma profundamente y así puedo tener espacio interior y habilidad para acoger a los otros con sus diferencias y sufrimientos. La vida en comunidad nos permite ahorrar recursos, y dado que compartimos una práctica de conciencia podemos transformarnos cuando se presentan conflictos. Cuando generamos juntos energía de paz y amor, otros se pueden beneficiar de esta energía colectiva de armonía y sanación cuando vienen a practicar con nosotros. Así es como funciona la práctica de “paz en uno, paz en el mundo”. ¡Es maravilloso!

Otra razón que me llevó a ordenarme está relacionada con la manera de consumir de nuestra sociedad, particularmente en los países desarrollados de occidente. Yo veo como nuestro consumo realmente hace daño y destruye nuestra Madre Tierra, sin mencionar nuestro cuerpo y nuestra mente. Me di cuenta de cómo vivía en anticipación de los placeres de los sentidos, uno tras de otros, como un burro detrás de una zanahoria, y pensaba que las experiencias placenteras eran la felicidad que todos buscamos en la vida.

O, de otra manera, me dejaba llevar por la aversión a las experiencias desagradables sin saber que podía haber cierta bondad inherente escondida. Yo probé e hice todas las cosas locas que los jóvenes en cualquier ciudad grande harían creciendo y descubriendo mi sociedad. Al final me di cuenta que toda la diversión y la emoción no satisfacían la sensación de vacío y desconexión dentro de mí. Que no le daban respuesta a mis preguntas, como por ejemplo “¿Cuál es el sentido de todo esto?” o “¿Qué se supone que debo hacer con mi vida?”

Me gusta la idea de la película Cadena de favores (Pay It Forward). Todas las cosas buenas que has recibido, en vez de pagárselas a la persona que te las ha dado, las puedes pagar a otras. En otras palabras, puedes hacer un favor, tener un acto amable con dos o tres personas más, o ayudar a alguien que esté pasando por una dificultad. Al compartir o pasar a otros el amor y el cuidado que has recibido, los mantienes circulando y los magnificas. Cuando tenemos gratitud en nuestros corazones, tenemos felicidad, y juntos son una maravillosa energía que nos motiva a ayudar a los demás.

Yo pienso que esto fue lo que reconocí en ese bus en Camboya, que estoy llena de gratitud y felicidad. He conocido tanta gente linda que me ha amado, cuidado e inspirado a hacer algo significativo con mi vida. Siendo monja puedo ofrecer mi tiempo y energía completamente para cultivar esta gratitud y felicidad en mi vida diaria, y pasar este amor a tantas otras personas. El ambiente del monasterio me permite multiplicar la bondad que he recibido de muchas maneras diferentes en lugar de si hubiera decidido vivir sólo para mí y lo mío.

Esto también debe interesarte