vivir despiertos

14/7/14 por Jonathan Borella

Determinación Sin Objetivo

El Buda habló sobre Las Tres Puertas de la Liberación: la Ausencia de Signos o No-Signo, la Ausencia de Objetivos o No-Objetivo y la Vacuidad. A menudo, éstas puertas se enseñaban a los practicantes como prácticas para comprometerse mas con el soltar el apego a las formas, a los deseos y al yo. Otras veces eran enseñadas como descripción de la verdadera naturaleza de la realidad. En cualquiera de los casos, las Tres Puertas tienen una profunda implicación tanto en los aspectos formales de nuestra práctica como en la manera informal de manifestar ésta en nuestra vida cotidiana.

Como practicantes, se nos estimula a ser determinados en el cultivo, dentro nuestro, de los preceptos, la concentración y la visión profunda – no dejando a nuestra mente apartarse de la plena consciencia. De ésta manera podemos atravesar las tres puertas a cada momento. Pero al principio, seguramente estaremos confusos sobre éstas tres puertas, especialmente cuando nos deparemos con la aparentemente contradictoria naturaleza del No-Objetivo y la Determinación. Como podemos ser determinados y sin-objetivo al mismo tiempo?

No debiéramos tratar de escapar de ésta confusión. De hecho, si queremos entrar y morar en el estado de no-saber, entonces ya estaremos practicando las Tres Puertas de la Liberación. Recuerdo cuando por primera vez leí y medité sobre el tema de No-Objetivo o Ausencia de Objetivo; me dio miedo. Me dio miedo que, no teniendo un propósito, una meta o una motivación, no tendría ya razones para actuar. Porque habría entonces de hacer algo? Porque no ser perezoso, complaciente u obediente …?

Dejé esas preguntas asentarse en mi corazón y, a medida que transcurría mi vida cotidiana, me traían cada vez más atención y consciencia sobre los movimientos de mi cuerpo, de mi mente y mi espíritu. Mi práctica del No-Objetivo estaba aún madurando, pero ya había invitado a la práctica a entrar en mi ser y estaba abierto a la posibilidad de un día ser, vivir sin-objetivo. Para mi sorpresa, me di cuenta que mis acciones estaban siendo mas decididas, mas intencionales! Había comenzado a hacer mi cama todas las mañanas. Estaba cambiando mi dieta. Consumía con mayor cuidado. Era más consciente al hablar. El simple acto de abrir una alacena parecía traer toda mi presencia e intención al momento presente. Que es lo que estaba pasando? Pronto me di cuenta que no había motivos para temer caer en la falta de acción.

La acción es impermanencia; y la impermanencia es vida. Es imposible no hacer nada. Si pudiera no hacer nada, entonces podría escapar a la ley de la impermanencia. Pruébalo ahora mismo. Prueba de no hacer nada. En este momento probablemente estés sentado, o tal vez parado, o acostado. Estás, o bien respirando o conteniendo tu respiración. Sea lo que sea que estés haciendo, estás haciendo algo. Cada momento es un momento que conlleva una acción y cada vez que actuamos estamos decidiendo como actuar. Cuando me di cuenta de esto, mi miedo de no hacer nada se desvaneció y pude incorporar la ausencia de objetivo y la determinación al mismo tiempo.

Piensa sobre ello como si estuvieras tirando al aro del baloncesto. Me gusta ésta analogía porque involucra los aspectos físico y psicológico del desapego. Calmas tu cuerpo y tu mente. Toda tu presencia y tu determinación están enfocadas en la tarea que tienes en tus manos. Lanzas la bola y ya, la dejas ir. Una vez que la bola ha salido de tus manos y está viajando en el aire no habrá ni objetivo ni determinación alguna que puedan modificar su curso. Esta es la manera en que practicamos la no-acción; acción que no precisa renacer en el futuro sino que ya es completa en sí misma.

Probablemente el más confuso de los ambientes para practicar la Ausencia de Objetivos sea en el propio trabajo. Como terapeuta conductista, mi trabajo es ayudar a niños con desórdenes de conducta a alcanzar objetivos claramente definidos con el propósito de lograr una conducta social apropiada. Trabajo habitualmente con niños que se comportan agresivamente con sus pares, pegando, escupiendo o arañando. A veces hacemos progresos, pero siempre hay reveces. Si yo estuviese apegado u obcecado en un progreso constante, si mi accionar dependiese en el logro de esas metas, no podría continuar. No obstante, vuelvo día tras día. Visto desde afuera parece determinación. Pero en verdad es No-Objetivo. La ausencia de objetivo es la única manera de practicar la verdadera determinación.

Para practicar verdaderamente el No-Objetivo se requiere de cierto grado de fe. Me di cuenta de ello leyendo un pasaje del Nuevo Testamento. En éste pasaje Jesús está con sus discípulos, les señala una montaña y les dice que si una persona con suficiente fe le reza a Dios para que mueva la montaña, la montaña se moverá. Aquí fui invadido por mi escepticismo. Sabía que, no importa cuánto uno pueda rezar, la única manera de la montaña moverse es por un desplazamiento de las placas tectónicas. Que es lo que Jesús verdaderamente quería enseñar? La respuesta yace en el tipo de fe que tengamos. Fe, de la manera que yo interpreto que Jesús enseñaba, es entregarse a la voluntad de Dios. Por lo tanto, rezar por algún objeto o resultado en particular ya demuestra una falta de fe. Me sonreí cuando me di cuenta de que Jesús estaba enseñando la práctica de No-Objetivos a sus discípulos. Para Jesús, tener fe significa rendirse a la voluntad de Dios. Para quienes meditamos, la fe es abandonar los apegos a los resultados y tener confianza en nuestra práctica. Sabemos que así sea que la bola entre o no en el aro, podemos permanecer sólidos, libres, listos para el rebote.

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