vivir despiertos

18/6/14 por Hermana Paz

Los jóvenes está hambrientos de una alternativa

Entrevista con la Hermana Paz

Si alguna vez has estado en Plum Village, seguramente has visto a la Hermana Paz recibiendo a la gente de una manera muy amable. Su cálida voz y su energía afroamericana “joven de corazón” ha apoyado a la comunidad por años. Además, ha sido parte de Wake Up desde sus inicios. La página de Wake Up tiene razones de sobra para querer conocer más de cerca y echarle un buen vistazo a tan maravillosa personalidad.

¿Puedes describir el trayecto que seguiste para volverte monja? Supongo que el trayecto empezó desde hace mucho tiempo sólo que que en aquel entonces no me dí cuenta. Por lo general no estás muy seguro de hacia dónde vas hasta que ya estás ahí. Mi última encarnación, en términos de trabajo, fue como directora ejecutiva en la alcaldía del Distrito de Columbia. Fue una experiencia maravillosa pero después de un tiempo la política se volvió muy dura.

Al mismo tiempo estaba tomando un camino espiritual. Fui educada en la religión católica pero nunca me satisfizo. Desde muy joven comencé a interesarme en otras espiritualidades y filosofías, o la Nueva Era, como se le llamaba en aquel entonces y el Budismo siempre me atrajo.

Cuando iba a laborar a mi oficina me sumergía en el trabajo. Me hacía muy feliz poder trabajar para la comunidad. Pero entonces me dí cuenta de que había perdido contacto con la espiritualidad así que me metí a internet, busqué “Budismo en Washington D.C.” y encontré la Comunidad de la Atención Plena en Washington así que comencé a practicar ahí. Ahora me doy cuenta de lo afortunada que fui porque es una de las comunidades más maduras de nuestra tradición, rica en maestros Dharma y tres centros de práctica.

Cuando escuché que Thay iba a ofrecer un retiro de Política de Atención Plena para el Congreso me ofrecí a echar una mano en la preparación. Y no tan sólo Thay vino al retiro sino también el Dalai Lama. Así que ahí estaba yo, tan cerca, aún cuando sólo estaba inmersa en la comunidad. Y esa fue mi primera impresión de Thay y de la Sangha monástica. Fue realmente extraordinario.

Un año después asistí al primer retiro de “Colores de la Compasión”, el primer retiro para gente de color en nuestra tradición, y después fui a Vietnam cuando Thay regresó por primera vez. Mi vida dio un giro completo.

Cuando descubrí que miembros laicos podían vivir en la comunidad comencé a considerarlo como una posibilidad pues me dí cuenta que era más feliz cuando estaba en la Sangha, haciendo cosas de la Sangha. No estaba encariñada con el trabajo de la política. Podía ser más feliz trabajando en una librería si eso implicaba estar cerca de la Sangha. Y considerando todo eso, comencé a renunciar mentalmente a mis bienes materiales (el coche, la ropa, los zapatos, y todo lo demás). Cuando me di cuenta de que podía hacerlo, no me tomó mucho tiempo para empacar mis cosas y viajar rumbo a Deer Park. Viví ahí durante medio año y comencé a considerar convertirme en monja. Los monjes de Deer Park me dijeron que fuera a Plum Village, y así lo hice. Actualmente llevo casi seis años como monja.

¿Cuál es la cosa más importante que has aprendido? Probablemente la paciencia. Cuando alguien dice algo que no te agrada, tu reacción a la defensiva es inmediata. Pero mejor hay que esperar y pensar: ¿“Será que este hermano o hermana no querían decir eso de la forma en la que lo hicieron? ¿qué es lo que su comentario movió en mí? ¿cuál sería mi mejor manera de reaccionar?”

Asímismo, si hago o digo algo para mí misma, realmente aprendo a mirar profundamente sobre lo que quiero expresar, por qué lo quiero expresar y cómo lo quiero expresar. Lo más importante que aprendí es que aún cuando tenga las palabras para decir algo de una manera muy compasiva, lo más importante es la energía detrás de ello porque eso es lo que la gente recibe.

Cuando hago algo, por lo general hay cierto grado de resistencia tras ello. Y cuando sientes resistencia es cuando aparecen el miedo, el enojo y el sufrimiento. No quiero decir que la resistencia sea mala. Simplemente nos dice algo. Así que tienes que mirar profundamente hacia esto y tratar de entender el por qué está ahí, en lugar de darte la vuelta y forzar las cosas.

¿Tu compromiso con Plum Village ha afectado a tu familia? Sí, un poco. Me apoyaron aun cuando al principio no lo comprendían, y me siento muy agradecida por ello. Creo que además he podido compartirles elementos de la práctica sin ni siquiera mencionárselos, simplemente comunicándome y ayudándolos a comunicarse entre ellos, especialmente con mi papá. Él tiene la edad de Thay y actualmente vive en un asilo. Es tan feliz como puede, pero aun así, su situación ha sido un desafío para algunos miembros de mi familia. Así que intento ayudarlos para que lo acepten y no se resistan a ello.

¿Cuál es el mayor sueño que tienes acerca de tu práctica y la comunidad? Simplemente continuar, continuar y tener las condiciones necesarias para ser monja y que la Sangha pueda crecer. Y con ello todo florece, como tener la oportunidad de viajar en giras con Wake Up y ayudar a las escuelas Wake Up y todas las demás cosas con las que puedo ayudar a la Sangha.

Simplemente ser capaz de estar aquí, en este ambiente, en la comunidad no tan sólo de monjes sino de practicantes laicos porque son igual de importantes. Me he nutrido mucho de su práctica y desafíos porque he vivido lo suficiente como persona laica para entender exactamente lo que esos retos significan.

Si pudiéramos continuar con todo eso, como ha sido el caso por casi 2,600 años, consideraría que todos somos afortunados.

¿Cómo te involucraste con Wake Up y las Escuelas Wake Up? Fui parte de Wake Up desde el principio, y poco después de las Escuelas Wake Up, o Ética Aplicada como se llamaba en aquella época. Quería apoyar a Wake Up porque me considero joven de corazón, y tengo sobrinas y sobrinos jóvenes. Era importante ofrecerles algo a manera de alternativa.

Así como en las Escuelas Wake Up, mi madre fue maestra al igual que mi tío y tía. De hecho, en la generación de mis padres, ser maestro era una de las pocas profesiones a las que los afroamericanos podían aspirar. Además fui afortunada de que mis padres trabajaran duro de manera que pudieron enviarme a una escuela privada. Así que sabía la importancia de la buena educación.

Aprendí que la buena educación no depende de la buena reputación o riqueza de una escuela. Una buena escuela es un lugar donde el profesor puede encarnar lo mejor de sí mismo. Si podemos ayudar a los maestros a que encuentren paz en sus propias vidas, entonces podrán compartir eso mismo con sus alumnos y quizá también con los padres de sus alumnos. Así que mi participación en las Escuelas Wake Up llegó de manera natural gracias a mi experiencia en la educación y sabiendo los beneficios de la práctica.

¿Cuál es tu mayor anhelo sobre Wake Up? Que continúe creciendo. Creo que los jóvenes están hambrientos de una alternativa. Creo que podemos continuar atrayendo jóvenes y monjes para que transmitan el mensaje. Una de las cosas que me atrajeron a esta tradición fue el hecho de que estábamos tan comprometidos La gente siempre dice: “Es fácil practicar aquí en Plum Village, ¿pero qué pasa cuando regreso a casa?” Así que vamos a sus casas y les mostramos como funciona ahí mismo.

¿Cómo describirías Wake Up a alguien que nunca antes ha escuchado sobre la Consciencia Plena? Le diría que es simplemente un estilo de vida, así de sencillo (cierra con una sonrisa).